“Compitiendo” en Egipto

Y en todo el norte de África, últimamente. Donde buscamos cualquier noticia y nos salen islamistas hasta en la sopa, cada vez más  presentes luego de la famosa “primavera árabe”, aquella revuelta “pro-democrática” “impecable“,  según algunos analistas. Ese impecable desmadre que acercaba posiciones entre la Junta del ejército en Egipto y los Hermanos Musulmanes, el grupo yijadista más influyente del mundo. Y que estrechaba colaboraciones entre beduinos del Sinaí hoy fuertemente islamizados, y terroristas de Hamas, que si mal no recordamos, no es más que la rama palestina de los mismos Hermanos.

Estos meses el creciente contrabando de armas, la explosión de gasoductos y el asesinato de ocho israelíes en camino a Eliat por terroristas que cruzaron desde la frontera, nos dejaban claro que el Sinaí turístico, simbólico, desmilitarizado y libre de peligro, ya era parte del pasado.  Como lo será pronto el Tratado de paz con Israel del 78 que ahora la Junta pide “reconstruir”, remilitarizando la península bajo el pretexto de vigilarla. 

El posterior asalto a la Embajada israelí en turba enloquecida para robar, quemar o linchar ante la tibia actuación del Gobierno transitorio nos recordó bastante a los desmanes sufridos por la comunidad copta en la dichosa primavera, la deriva “democrática” que cualquier taxista de El Cairo pronosticaba al viajero hace unos meses, charlando de camino al aeropuerto. Y siguen los incidentes, y las alertas de nuevos atentados en área fronteriza.

Compitamos con esas ideas, ofrezcamos otras cosas”, explicaba hace poco la somalí y justamente ex-seguidora de los Hermanos Musulmanes Ayaan Hirsi Ali, refiriéndose al peso de esa Hermandad por todas partes y mirando a los secularistas, a la administración Obama y a la influencia de Occidente. Porque claro, antes de exponer algo nuevo en donde sea, habrá que convencer allí de que lo viejo no funciona. De que la tiranía no llega por casualidad, o de que aquello en lo que creen puede ser replanteado, separado de la política, criticado y criticable. O reformado. O sea, lo obvio. Pero claro,  para eso no sirve de mucho lo contrario, que es lo que se suele hacer desde las democracias. Cosas como evitar el debate y las críticas al islam y marginar o acusar de racista e intolerante al que lo hace, por ejemplo. O como dejar que proliferen las zonas no-go donde se asoma la Sharia por Europa, fomentar el antisemitismo, compadrear desde las universidades con el yijadismo y llenar de subvenciones a fanáticos declarados buscando su lado moderado. Que a lo mejor eso es competir, y algunos no nos hemos enterado.  

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2 Comments on ““Compitiendo” en Egipto”


  1. Ya nos lo estuvieron advirtiendo los que sí tienen los pies en el suelo (y no los ensoñadores que en los países islámicos ven angelitos y flower power por doquier): el desenlace de la primavera árabe será un invierno integrista.

    Y los “analistas” seguirán viendo lo que quieran, por supuesto.

    abrazos

  2. samuel Says:

    Ademas, la democracia no es cosa de “urnas” sino del arraigo de unas ideas, las urnas, que tienen fama de panacea, seran las que lleven a los islamistas al poder.


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