Verdugos voluntarios

«Los alemanes obligaron a los judíos a permanecer en cuclillas durante horas bajo el sol ardiente, por lo que muchos perdían el sentido, y ellos disparaban contra cualquiera que se levantara. La plaza quedó sembrada de muertos. Naturalmente entre las víctimas de estas ejecuciones había muchos niños, a los que les resultaba en particular difícil mantenerse inmóviles de una manera tan incómoda durante horas interminables. Los hiwis y algunos miembros de la gendarmería alemana de Miedzyrzec aprovecharon también la ocasión para satisfacer su gusto por la crueldad, y se divertían azotando a los judíos con látigos.  No sólo Frau Wohlauf [esposa de uno de los oficiales del Batallón 101] intervenía en todo esto, sino también las esposas de algunos alemanes acuartelados en la localidad,  así como un grupo de enfermeras de Cruz Roja Alemana.  Frau Wohlauf, de acuerdo con su práctica habitual probablemente llevaba consigo ese símbolo de dominación, una fusta. Aquel día, ella y otras mujeres alemanas observaron directamente cómo sus hombres libraban al mundo de la supuesta amenaza judía, matando alrededor de un millar y deportando a otros diez mil a los campos de la muerte. De esta manera Frau Wohlauf, que estaba embarazada, pasó su luna de miel.»

Daniel Jonah Goldhagen, “Los verdugos voluntarios de Hitler, una extensa y dura investigación que nos explica cómo la mayor parte de una sociedad se puso al servicio del nazismo o bien lo aceptó como proyecto de futuro.

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9 Comments on “Verdugos voluntarios”

  1. Chess Says:

    No quedan palabras para calificar tal bajeza moral, falta de humanidad y maldad personalizada. Como todo un pueblo se hizo cómplice de tales hechos. Y encima, tener que aguantar a algunos diciendo que tenemos que pasar página, como si fuera un hecho aislado. Mezquinos.

    Por cierto, Sam, ¿sabes si el libro está en castellano?

    Un beso!

  2. samuel Says:

    Si, es la version espanola, el titulo es ese. Un trabajo demoledor que pulveriza obviamente el negacionismo, y derriba ciertas creencias tradicionales sobre el asunto, lo recomiendo aunque te advierto que es duro de leer, no por la forma, sino por el contenido. Y se de lo que hablo.

  3. Guido Finzi Says:

    Me hiciste recordar un magnífico libro de Elie Wiesel (donde aparece un párrafo que reproduzco en la cabecera de mi blgo) en que un superviviente del Holocausto regresa a su pueblo para encarar a un tipo que miraba pasivamente desde su ventana mientras los judíos eran introducidos en trenes. Esa imagen fue la que le ayudó a sobrevivir en los campos, aferrado a la obsesión de retornar y preguntarle varios porqués.
    La barbarie no hubiera sido posible sin el silencio de muchos y el colaboracionismo activo de otros tantos.
    Un saludo

  4. Guido Finzi Says:

    Ah, el libro se titula “La ciudad de la fortuna”, y tengo la suerte de tener un ejemplar firmado por el propio autor.

    Shabat Shalom

  5. Chess Says:

    Gracias, Sam, me compraré el libro entonces. :)

  6. Chess Says:

    Perdona, Guido, que se me ha ido la pinza.

    Me pasaré por el fnac y miraré. Necesito lectura para los próximos meses.

  7. Guido Finzi Says:

    Chess:
    Lo siento pero, no lo vas a encontrar; está descatalogado desde hace tiempo. De todas formas, podrás encontrar “La noche, el alba, el día”, que es un libro estupendo. El primero de los tres relatos, fue el que hizo famoso al autor, y una obra de referencia en lo concerniente a literatura sobre la Shoah.
    Un saludo

  8. raindrop Says:

    Impresionante eso de “la pasividad”. Combinada esa pasividad de unos al activismo feroz de otros el panorama no pudo ser más desolador.
    Si al menos fuera una lección aprendida… ay, pero parece que no.

    saludos a todos

  9. Chess Says:

    Gracias, Guido. Aún así, echaré un vistazo en la biblioteca. Suelo encontrar cosas raras allí. :)

    “Combinada esa pasividad de unos al activismo feroz de otros el panorama no pudo ser más desolador”

    Desolador es poco, yo lo defino acojonante, con perdón. Están obsesionados con este tema e invierten el tiempo que sea necesario para fomentar su odio. Y sólo el final del pasotismo les podrá frenar.


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