Tarde lluviosa

Me imagino lo que estarás pasando, te habrían dicho cantidad de veces. Lo dicen siempre. Se dice fácil. Pero yo no sé cómo lo pasabas y por mucho que imagine, no sé cómo te levantabas ni todo lo que pensabas hasta que se acostabas, que debía de ser bastante.

Recuerdo que te casaste con tu primera novia, que ya era la madre de un niño al que adoptaste después de que el fulano que hacía de padre les diera un potente portazo en la boca. Y sé que llegaron más hijos y una vida estupenda que te costó lo tuyo, menos mal que tenías un buen trabajo y eras un tipo siempre inquieto y con ganas de hacer negocios, de subir más y más, porque ellos aspiraban muy alto y eso había que trabajárselo, amigo. Casa de primera, autos grades, viajes y tal y cuál, una de esas vidas que mucha gente envidia.

Pero a tí la gente no te envidiaba mucho porque algo se barruntaban, sabían que ella seguía pensando en el gilipollas que se fue a por tabaco y que tu presión por no perderles a los cuatro era brutal, además de que fumabas como una pira y comías de asco. Y el médico te agobiaba con lo del peso, con lo de que a las cincuenta y dos no eras ningún chico, para rematar con el discursito de la diabetes, las riadas de colesterol y la cosa cardíaca.

Y hacía tiempo que se te oía dar la bola con el tema de la muerte en general, y de la tuya en particular, con tu purito en la mano, contando chistes bastante macabros y poniendo cara de inmortal, encima.


Todo eso hasta que un día los chistes perdieron la gracia. Hiciste malos negocios a espaldas de tus jefazos y te echaron de la compañía mandando al carajo el castillo de naipes en el que vivías entrampado. En el banco adornaron tu cara con una diana. Te quitaron la casa, el aliento y lo que les hizo falta, que era mucha pasta la que debías. Y tus hijos tuvieron que volver de estudiar en el extranjero justo cuando le habían tomado gustillo a la cosa, pero qué mal se lo tomaron, ¿verdad? Te dijeron que no habías estado a su lado, que eras un imbécil, un perdedor y todo ese rollo. Y tu mujer te dejó plantado rajándose con su hermana la soltera, que “de momento” te hizo un hueco en la estancia y que te fueran dando; a dormir sentado en el sofá casi con los zapatos puestos hasta que tu hijo mayor tropezaba adrede contra tu espinilla y te despertaba para demostrarte el asco que le dabas, lo mucho que le estorbabas. Luego a la calle todo el día a recibir todas en el mismo lado, a que sólo te hablaran para decirte que ya eras muy viejo para un contrato y que tenías unas ojeras que asustaban. Y tus amigos, poca cosa. Aliviados de no estar en tu lugar ni prestarte un puto euro. Hasta tu hijo pequeño le confesó a no sé quién que más te valía estar muerto.

Hace poco me enteré de tu accidente mortal, te la metiste, oportuno y sobrio como el que más, en una paralela a la A63 contra un pino bien grande que para nada formaba parte del asfalto. Y todos lloraron discretamente antes de irse a tomar unas copas, para olvidar que te fuiste porque quisiste, o tal vez no, pero que diste esa última pisada y giraste harto de todo para no estorbarles tanto. Estaban muy ciegos, ellos. Y tú viste demasiado clara esa sombra en el camino que no esquivaste porque no te dio la gana.

Hoy veo a los terroristas, los violadores, los criminales, con sus desternillantes condenas, a veces liberados, o incluso apoyados apasionadamente por esas mujeres, madres o novias a pesar de sus crímenes y ayudados por esos politicuchos tan preocupados del bienestar de los malos, y me río , sí. Y me digo, vaya una mierda. Pero compréndelo, tú no vivías en tu mundo ideal. Vivías en uno real, donde falta amor, sobra hipocresía y unos horrores se banalizan mientras que otros errores no se perdonan tan fácilmente. Ni siquiera tú te los perdonaste.


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One Comment on “Tarde lluviosa”


  1. Luego del Crepúsculo..

    Quien diría..
    pasaron cuantas primaveras..

    Quien nos viera..
    si en un beso que se perdió
    entre quince medioevos encantados
    aun te recuerdo apoyada a aquel puente,
    que atravesaba el camino de plata..
    lo carros iban y venían..
    y ahí como dos desconocidos, en tel aviv
    luego de años..

    La tenue tarde cayendo sobre nosotros,
    “quien, como.. que piensas”.. “que es lo que me decis”..
    solo h´shem, si, en un sin fin de recuerdos..
    y luego la invite un café..

    Tu y yo..
    éramos dos conocidos
    siendo que fuimos todo..
    de una, y media década..
    sus labios eran un misterio,
    sus cabellos, sus ojos eran los mismos..
    no sabia, te juro no sabia como empezar
    a decirle todo..
    y al final..
    solo fue..

    Si no ahí otra forma..
    piensa, tu me juraste en aquel café olvidarme..
    y yo te prometí olvidar cada segundo..
    fue como aquella vez de la despedida…
    su perfume era el mismo, que forma..
    que impulso me hacia decaer
    al momento..

    sus manos me recordaban..
    los vaivenes de su piel..
    como una lluvia de ternura..
    para mi eras una joya
    que no podía extraviar
    en el cosmos de mi vida..
    y aun así.. contenía
    mi naturaleza..

    No le aseguraba al destino
    en ningún momento nada..
    me lo prometí hace años..
    ella opto, otro camino..
    fue como una perdida..
    como una estrella olvidada sin ruta..
    como contenerse a tanto..

    Ella era la misma..
    todo era igual..
    solo atine al despedirnos..
    con un simple “ adonde paras”..
    “donde mi nono ”.. donde mismo.?
    “te llevo, sube..”..

    Solo el abrirle la puerta del carro..
    percibí de nuevo su aroma..
    y fue ahí..
    tome su brazo, y caí en la red
    del destino.. a darle todo
    lo mío..
    “su espalda.. su cuello.. su boca..”
    sus ojos volvieron a estar en mi..
    y yo dentro de ellos..
    fue un viaje a través del tiempo..
    solo k´el lo sabe..

    y fue aquella noche.. cuando volví..
    y retorne del pasado..
    a la pasión..

    a las horas, desperté..
    y ella.. ya había partido al Líbano..


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