El vecino sirio

Siria, años cincuenta, en plena ofensiva del mundo árabe contra Israel. Los sirios sudan la gota gorda intentando desviar las aguas del río Jordán que nace de las fuentes del Monte Hermon , para evitar que rieguen en su curso la tierra hebrea. Sin embargo, secar a un país no tiene gracia así sin más, así que aliados con Arafat y sus coleguillas de Al Fatah, bombardean y tirotean a la población israelí con sucesivos ataques desde los altos montes del Golan mientras el IDF se encuentra estratégicamente ciego. La supervivencia, la agricultura, y todo signo de vida normal que se pone a tiro desde las elevaciones pende de un hilo, y existe la posibilidad de que los árabes vayan avanzando hacia las costas.

Las granjas de Shaba, reclamadas por Hezbullah (?)

Este era hace medio siglo el pandemonio de la yihad islámica desde el sur de Siria. La filosofía del no peaceno talks – no Jewish State – sólo sangre- sólo muerte al kuffar, que no dejó más opción que buscar fronteras defendibles con las que la población judía pudiese sobrevivir como Estado y que en la Guerra de los Seis Días1967-, llevó por el norte a la ocupación y liberación militar de los Golan Heights.
Ese mismo año, la Liga Árabe sacaba una resolución en Kartum llamada las “Tres NO” , que proclamaba que no querían dialogar ni resolver nada de nada, o sea, que no , no y no.
Posteriormente, la pequeña región montañosa se adjuntó a Israel de manera civil pero no irrevocable, sino condicional a un estado de no hostilidad, es decir, condicional a una utopía que no se la creen ni los que se la creen.


Monte Hermon. Foto mashua.org

Lo cierto es que con un mundo árabe libre y democrático no estaríamos hablando ahora de la disputa sobre los Altos del Golan , un territorio ciento cuarenta veces más pequeño que Siria y estratégicamente situado desde donde “se ve” y se oyetodo lo que se acerca” en el país vecino y desde cuyo extremo norte hay 58 millas hasta los enclaves más importantes israelíes, sin olvidar que está a tiro de piedra y de otras cosas, del valle de Hula y la Galilea baja, que tienen en su suelo las granjas de plantación más productivas del país. Y a todo esto, nadie sabe muy bien de qué coño va Siria en el rompecabezas islamista-yihadista. Se sabe que el fascista de Damasco anda aliado con los iraníes para que la cuadrilla sunita del Califato no le tire del pedestal, se sabe que tiene ganas de su trocito de Líbano- que ésa es otra-, y se sabe que está financiando a Hezbullah y a Hamas mientras reclama a Israel las montañas del Golan. Y también se sabe que Bashir Al Assad no quiere esas montañas para bajárselas con su tabla de snowboard.

Pero en fin, qué carajo le importa a Europa o al mundo occidental que los Altos y su puñetera madre con su situación privilegiada le sean regalados al islamosocialista que sueña con la Gran Siria y la destrucción de Israel. Lo que importa es aliar civilizaciones y como dirían los cursis, acercar posiciones. Y no es broma, porque es eso último lo que quiere hacer el vecino sirio. Acercar las posiciones de sus missiles.

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